En la víspera del 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, el Ministerio francés para Europa y de Asuntos Exteriores presentó una hoja de ruta para 2025-2030 de su diplomacia feminista. Un documento estratégico muy esperado por la sociedad civil francesa que ha salido a la luz en un contexto internacional particularmente difícil.

Una estrategia ambiciosa amenazada por los recortes presupuestarios de la ayuda oficial al desarrollo
La publicación de este documento ha llegado en un contexto mundial muy negativo. Por una parte, los movimientos antiderechos y conservadores han cobrado fuerza y amenazan con revertir los derechos que se creían ya garantizados para mujeres, niñas y minorías de género. Por otra parte, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) está sufriendo recortes presupuestarios sin precedentes.
Muchos países europeos, entre los que se encuentra Francia, están reduciendo de manera significativa sus compromisos relacionados con la AOD, especialmente aquellos vinculados a la financiación de cuestiones de género. De este modo, se socavan los avances logrados en los últimos años y se aleja progresivamente a estos países del objetivo de destinar el 0,7 % del PIB de los países del Norte a la ayuda internacional. Y este objetivo no es nuevo: fue establecido por las Naciones Unidas en 1970. Sin embargo, Francia no lo incorporó a su legislación hasta 2014, y a día de hoy continúa posponiendo su cumplimiento.
En el otro lado del Atlántico, la presidencia de Trump provoca un seísmo sin precedentes al suspender prácticamente de un día a otro cerca del 90 % del presupuesto de USAID (organismo gubernamental americano encargado del desarrollo económico y de la ayuda humanitaria). Estas acciones tienen consecuencias graves, especialmente en ámbitos como la educación, el acceso a la atención médica y los servicios básicos para millones de personas en todo el mundo.
La necesidad de una señal contundente en un contexto de ataques reiterados contra los derechos de las mujeres y niñas
La publicación de esta estrategia, que define las bases y prioridades de la acción exterior de Francia hasta 2030, se esperaba desde 2019, el año en el que el Gobierno se comprometió públicamente a adoptar una política exterior feminista. Esta hoja de ruta, presentada por el ministro para Europa y de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, es el resultado de un extenso proceso de consulta con la sociedad civil. De hecho, aún no se ha publicado el documento completo.
Con esta estrategia, Francia pretende definir su diplomacia feminista, que a partir de ahora deberá ser implementada por todos los ministerios. Debe abordarse en todos los ámbitos de la política exterior: comercio exterior, defensa, seguridad, relaciones diplomáticas, etc. Sin embargo, aún no incluye una visión sistémica e interseccional que tenga en cuenta otras desigualdades, como las relacionadas con el colonialismo, por ejemplo.
Compromisos financieros indispensables para poner en marcha la estrategia
«La diplomacia feminista busca impulsar una acción climática y medioambiental con perspectiva de género, defender los derechos de las mujeres en el ámbito digital y de la inteligencia artificial, y movilizar la diplomacia económica y comercial en pro de la igualdad». Puedes leer más información en la página web del Ministerio. Por lo tanto, esta estrategia parece ambiciosa. No obstante, su efectividad dependerá de que se le asignen los recursos financieros necesarios para su implementación. Sin los recursos necesarios, está claro que estos objetivos no se lograrán.
Hace unas semanas, Francia decidió reducir su presupuesto en más de 2 mil millones de euros para el año 2025. El Fondo de Apoyo a las Organizaciones Feministas (FSOF, por sus siglas en francés), un mecanismo de financiación que ha apoyado a más de 1400 organizaciones feministas entre 2020 y 2024, podría verse perjudicado. Parece difícil abordar una contradicción como esta: promover una diplomacia feminista ambiciosa sin prever los fondos adecuados para su implementación.
La diplomacia feminista solo será efectiva si se establece una coherencia entre todas las acciones exteriores de Francia. No debería reducirse a un mero discurso político, sino constituir la base de una política exterior feminista ambiciosa, acompañada de un marco de responsabilidad, de seguimiento con la sociedad civil y de los recursos necesarios para hacer frente a los retos actuales.